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miércoles, 25 de julio de 2012

Villa Atamisqui y la magia de un pueblo lleno de sorpresas

(Antes de comenzar a leer, sugiero dejar cargar las imágenes y darle play a los videos y luego pausa para que se vayan cargando mientras se lee)

Eran cerca de las 10 de la mañana. Los frenos del tren y su bocina anunciaron el arribo a una nueva estación. Yo ya estaba despierto desde hacía unas horas antes cuando me había puesto a charlar con mis compañeras de asiento rosarinas.

El tren había detenido su recorrido en la ciudad de La Banda, última parada en tierras santiagueñas antes de adentrarse en pagos tucumanos. Según me había recomendado un entendido de las rutas que conocía más que yo (y uno de los pocos que supo decirme que reconocía Villa Atamisqui), era allí donde me convenía bajarme para luego llegar a destino.

Pero qué clase de viajero soy? se preguntarán seguramente, que viajo sin saber con exactitud cómo llegar a destino. Pues no sabría responderles! En todo caso tengo mi estilo de viaje y eso es lo que más feliz me hace. Viajar como quiero y como se me antoja.

Como yo no venía preparado para descender allí (mejor dicho sí, pero no sabía que llegaríamos tan pronto, ya que uno de los guardas me había dicho que llegaríamos al mediodía), tuve que a las apuradas improvisar despedidas con la gente linda que había conocido en el viaje, así que a manera de recuerdo nos sacamos fotos con las viajeras rosarinas que me acompañaban y con mis nuevos amigos rosarinos también; con quienes inmortalizamos ese momento en fotografías que cuando vuelvo a observar me roban alguna que otra cálida sonrisa, nostálgica y viajera (ver post anterior :P)


Un pie en La Banda y otro en...

Cuando descendí del tren y caminaba por la estación mucha gente me miraba de manera muy curiosa. Por un momento pensé que no era yo el perfil de turista que suele descender en estas tierras y quizás les llamaba la atención (no sé si a todos los viajeros, pero a mí me gusta sentirme un poco "raro"). En realidad la ciudad de La Banda no es una ciudad donde pasen muchos turistas, y mucho menos mochileros. La mayoría de la gente que descendía del tren allí lo hacía para ir a visitar sus parientes o por cuestiones laborales. Sólo un despistado como yo podría bajar allí

Cuna de poetas, tal su slogan -que me encantó!-, la ciudad es visitada año a año por los fanáticos de la chacarera ya que allí se festejan muchas fiestas y peñas folclóricas al estilo de Salta. De estos lares son los hermanos Carabajal. Seguro que más de uno alguna vez ha escuchado oír su música. “Peteco” ahora es el que me viene a la mente. Si quieren conocer un poco más de él, como hice yo, ésta es su web.

Recién llegado a La Banda, Santiago del Estero - Gambeteandoconladepalo

Cuando vi el slogan "cuna de poetas" me gustó tanto que prometí
volver en alguna oportunidad a indagar un poco más acerca de esta ciudad.


A caminar por la ciudad y buscando la ruta hacia Villa  Atamisqui.

Entre tímido y enérgico me hice lugar entre la multitud que esperaba a sus familiares del tren y salí de la estación sin saber bien dónde dirigirme. 

Cómo continuar el viaje de allí en adelante era todo aún un enigma para mí, pero ya me estoy acostumbrando a eso de no tener todos los detalles bajo control y hacer lo que vaya surgiendo según sucedan las circunstancias. Eso me genera una sensación incomparable; mezcla de libertad, autonomía e independencia sin igual. Me hace sentir como un perro de la calle que elige su destino a cada momento. Así es como yo pienso que piensan los perros, je!

El día estaba espléndido y el sol acompañaba una mañana fría de invierno que para mí no era tan fría porque llevaba en la sangre esa adrenalina que me provoca viajar y desenvolverme ante lo desconocido. 

Con un par de preguntas a unos pobladores llegué a la terminal de La Banda a la media hora. De allí me fui a Santiago del Estero Capital, que está a unos 8 kilómetros por autopista. Un colectivo interurbano me dejó en su terminal que me impresionó por su arquitectura moderna y diseño de vanguardia. Al día de hoy, es la mejor terminal de ómnibus que he conocido en mi vida. Limpia, ordenada, segura, amplia, cómoda, con todos los servicios. Una pinturita!

Luego me tomé un micro hasta la ciudad de Loreto, que está a unos 60 kilómetros, donde me detuve unas horas al mediodía y aproveché a comerme un “sanguchito” de milanesa; y de allí, “panza llena, corazón contento”, me tomé otro micro hasta Villa Atamisqui, a unos 65 kilómetros más.

Y el autostop? Por ahora no, gracias. El encuentro de mochileros al que yo iba era en su mayoría de gente que se moviliza en sus viajes con la modalidad autostop (a dedo). Yo vendría a ser la excepción a la regla hasta ese momento. Lo importante era conocerlos y llegar. Quizá si hubiera sido un lugar que yo tenía mejor localizado en la mente me hubiera animado con el autostop; pero irme así sin más, y a un lugar que no conocía no me parecía lo más cuerdo (aunque no sea la cordura lo que me acompaña últimamente).


Autostop Argentina - Gambeteandoconladepalo
 La bandera de Autostop Argentina, sede NOA.

Finalmente llegué a Villa Atamisqui cerca de las 3 de la tarde. Me recibió una ciudad desolada, apacible, serena y mansa.

Sus callecitas de tierra me trajeron inmediatamente a la memoria la localidad de Villa Domínguez, o Ingeniero Sajaroff, cerca de mi ciudad natal, Villaguay, en Entre Ríos.

No volaba una mosca. Movimiento de algún encuentro o reunión de mochileros no había. Por un momento pensé en alguna broma macabra a la que este grupo de amigos viajeros estaba acostumbrado a hacer a aquellos que se sumaban al grupo a modo de “bautismo”. Hasta que apareció José…


Los primeros amigos

José se presentó a sí mismo como uno de los integrantes más veteranos del grupo. Con sus más de sesenta pirulos a cuesta, que en ningún momento los aparentaba en su espíritu, me contó que mochileaba desde los 15 años. Ahora viviendo en Salta y trabajando en tareas agrícolas ganaderas, casado, y habiendo viajado por todo el mundo, no paró un minuto de contarme sus anécdotas. Él fue el primero en llegar a Villa Atamisqui para este encuentro y estaba desde el día anterior. Todo un aventurero el hombre.

José me recibió en Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo
José, en una tarde soleada por Villa Atamisqui, fue el primero
en recibirme y contarme de qué trataba todo.

Junto a mí, llegaron en el mismo ómnibus Camila y Federico. Ella de Buenos Aires, él de Cali, Colombia. Amigos de la vida, por una amiga colombiana en común. Federico, de 28 años, estuvo viviendo y trabajando mucho tiempo en Buenos Aires, creo que unos 4 años, si mal no recuerdo. Se recorrió toda la Argentina, desde Ushuaia, y pensaba llegar al norte. Camila, de 25 años, licenciada en Ciencias Políticas (o algo así), también había viajado mucho, pero más por Latinoamérica que en su propio país. Él, más viajero y aventurero que ella, se enteró del encuentro por la web (al igual que yo, ja!) y la invitó a ella a sumarse para tener un fin de semana diferente y conocer un lugar distinto. Para ellos también, al igual que para mí, era su primer encuentro, y por esas cosas de la vida, el destino quizo que compartamos los primeros momentos de ese encuentro y que terminemos siendo muy compinches. A los tres, José, nos acompañó hasta el Complejo Polideportivo Municipal Villa Atamisqui, donde la municipalidad nos había prestado el complejo para que acampemos allí.

Federico, de Cali, Colombia - Gambeteandoconladepalo
 Federico, de Cali, Colombia, tenía bien arraigadas las costumbres argentas.


Camila - Gambeteandoconlapalo
Camila, de Buenos Aires; al igual que Federico y yo, asistía al primer encuentro de Autostop

Cami y Fede armando la carpa - Gambeteandoconladepalo
Cami y Fede armanado la carpa, recién llegados a Atamisqui


Un lugar lleno de personajes pintorescos.

Al llegar al complejo nos recibió Aníbal, quien hasta ese momento era un perfecto desconocido para mí y terminó siendo la persona más entrañable y carismática que conocí en este viaje. Dueño de una personalidad atrapante, mezcla de sencillez y ternura, de los pagos correntinos de Santo Tomé, conservaba aún sus raíces litoraleñas en su graciosa tonada melódica. Podría escribir un libro sólo de él

Llegó de Corrientes con una mano detrás y otra mano delante. Con honestidad, humildad y mucho trabajo se ganó el amor y el cariño del pueblo barriendo sus calles y realizando cuanto trabajo y "changa" se le presente.

 Aníbal Lemo, un simpático poblador de Villa Atamisqui, con quien hice una gran amistad.
En esta foto con el cartel que José utilizó para llegar a destino.


 Complejo Polideportivo Municipal Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo
Complejo Polideportivo Municipal Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo
 Complejo Polideportivo Municipal Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo
El complejo polideportivo municipal de Villa Atamisqui, lugar donde
acampamos con el resto de los mochileros que asistieron al encuentro de 
mochileros organizado por Autostop Argentina

Desde el momento que llegué hasta el último día que me fuí, no pasó un sólo día en que junto a Aníbal no nos pasáramos hablando horas y horas, riéndonos de nuestras ocurrencias. A pesar del poco tiempo que nos conocíamos, parecía que nos habíamos criado juntos. El hecho de que yo sea entrerriano y el correntino, por la cercanía geográfica con su provincia, le trajo reminiscencias de su Corrientes querido, y por eso él se apegó mucho a mí, según luego me contó en una charla. Yo me acercaba a él porque veía en su persona una historia de vida atrapante, y además mucha intriga me daba su forma de ser tan especial y sencilla.


Con Anibal Lemo - Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo
Pegamos tan buena onda con Aníbal que para la foto intercambiamos.. boinas!!!


Era una de esas personas que uno conoce en los viajes y se lo quiere llevar consigo. La verdad que debo reconocer que lo considero un ser especial. Acostumbrado a la soledad, Aníbal es un trabajador “golondrina” de unos 40 y pico de años. Hoy trabaja para la municipalidad de Villa Atamisqui, en la planta de agua de la ciudad, enfrente del complejo donde acampábamos, hasta donde lo acompañé una tarde y me mostró cómo es su trabajo. Las condiciones de su vida no me parecieron las mejores. Vivía en un cuartito de tres por dos, donde sólo tenía una cama y estaba toda la ropa desordenada arriba. Lo rodeaban bolsas de un material que se utiliza para echarle a los tanques de agua y potabilizarla, que no recuerdo ahora bien su nombre, pero que me parecieron peligrosas para su salud. En fin, el tipo era feliz con lo que tenía. En su sencillez él conocía la felicidad y encontró en nosotros una grata compañía. 


Aníbal y Adrián, Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo
Aníbal al frente, y atrás, Adrián, otro de los tantos buenos amigos de
Autostop Argentina que conocí en Villa Atamisqui.

Despidiéndonos de Anibal - Gambeteandoconladepalo
En esta foto estamos con Aníbal, junto a Ricky y María José,
dos chicos muy copados de Autostop Argentina

Aníbal fumando Rodeo - Gambeteandoconladepalo
 Aníbal fumando. Me hacía enojar mucho porque cuando le ofrecía Marlboro me los rechazaba, sosteniendo que nunca había probado otra marca que no sea Rodeo.

Con el paso de los días, y a fuerza de sonrisas y desinterés, Aníbal se transformó en nuestro guía e intérprete durante las siguientes jornadas en Villa Atamisqui. Compartimos mates, charlas, empanadas, caminatas y hasta imaginamos un viaje de fantasía juntos en un vuelo juntos al que llamamos “vuelo 207”.

Ese viaje imaginario surgió una tarde, cuando volvíamos de caminata en un intento por llegar al río Dulce, al que nunca llegamos. En la caminata de vuelta le comenté que sería una buena idea que se anime a tener un programa de radio en la única radio del pueblo (que habíamos visitado esa mañana y donde nos contaron que había sólo un programa en todo el día), donde él cuente historias de los amigos que se hacía y que él tenía la posibilidad de conocer por su trabajo o por las casualidades de la vida. La gente del pueblo seguramente estaría muy intrigada por conocer todos los secretos e historias de la gente junto con la que él, como en nuestro caso, se paseaba por la ciudad. Y así, una vez por semana, un amigo de todos los que se hacía, lo llamaría por teléfono a la radio y le contaría de su ciudad de procedencia, de cómo llegó a conocer Villa Atamisqui y cuáles fueron las mejores anécdotas y recuerdos que atesora de su visita. Yo mismo me ofrecí a ser el primero en llamarlo!! En fin, recuerdo que tanto le llené la cabeza que llegó a decirme…

“No me lo digá tré vece mirá que empiezo mañana mismo nomá…!”


Y para ver hasta dónde llegaba su audacia ahí nomás lo probé y así comenzamos a improvisar un programa. Yo hablaba unos minutos y luego le pasaba el mando a él; él decía un par de palabras y me pasaba a mí. Así, esa tarde, el camino de vuelta desde el Río Dulce, se pasó volando… como el vuelo 207. Hasta le habíamos puesto nombre y todo al programa imaginario: Anibaladas…


Para terminar por ahora con él (dije que podría escribir un libro sobre su vida) me dejó perplejo una tarde cuando me contó sus historias y vivencias arriba del Crucero General Manuel Belgrano, durante la guerra de Malvinas, allá en el año 1982. La historia, aunque de a ratos inverosímil, no le quitaba crédito a su sencillez y humildad. Me contó muchos detalles de esta historia increíble, pero prefiero no reflejarlos aquí para no herir susceptibilidades. Si a alguien le interesa ya sabe dónde encontrarlo a este gran hombre.

La siesta en Atamisqui. Los niños, fotos, fútbol y el "alma mula".

Cuando llegué al complejo polideportivo de Villa Atamisqui, donde acampamos, además de Aníbal nos recibió un grupo de "changos" santiagueños, vecinos del lugar, muy curiosos y con ganas de conocer nuevos amigos.

Muy disimuladamente se nos fueron acercando poquito a poco, hasta entrar en confianza. Mientras fede y cami armaban su carpa (dicho sea de paso yo no llevé carpa y me la prestó una compañera, gracias Leyla!) aproveché el momento para ponerme a charlar con los changuitos, previo picadito de fútbol.

Me pasé unas horas de la siesta jugando al fútbol con ellos, relatando sus luchas de mentirita y contándoles de mi ciudad y mis historias, tomando mates, mostrándoles fotos del celular de mis viajes y de mis amigos, que al igual que a Aníbal, dejaron encantados.

Los changos de Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo
Los changos de Villa Atamisqui posando para la foto.

En la siesta atamisqueña con mis nuevos amiguitos - Gambeteandoconladepalo
En la siesta atamisqueña con mis nuevos amiguitos

La lucha tremenda de los changos - Gambeteandoconladepalo
La lucha tremenda de los changos, mientras yo les relataba a modo de locutor la "pelea"
Una foto con los changuitos - Gambeteandoconladepalo
Hay equipo!!!

Siempre que viajo me pongo a charlar con los niños del lugar. Creo que los niños de los lugares a los que viajo o visito tienen una visión y perspectiva muy fresca y genuina del lugar en el que viven y pueden describirlo de un modo muy particular que hace querer el lugar de otro modo. Percibirlo desde la magia de su imaginación y relatos es realmente muy bonito.

Simpáticos los changuitos! - Gambeteandoconladepalo
Simpáticos los changuitos!

 
En este video (dejar cargar porque está en HD), que es el primero que grabé en Villa Atamisqui la tarde que llegué, lo van a poder conocer a Aníbal en versión animada, a José, y a los changos que me cuentan la leyenda del alma mula.

 

Moisés, te abre las puertas de su casa.

Villa Atamisqui está lleno de personas así, de corazón grande como el cielo. Por eso también debo contarles de Moisés. Un vecino de la ciudad, creo que rosarino y afincado hace unos años en estos pagos, quien pasó una mañana por la radio del pueblo que habíamos ido a visitar y nos vio allí y nos invitó a almorzar a su casa porque “todo visitante nuevo que anda por el pueblo va para su casa a almorzar”, fundamentaba. Así que nos pusimos en campaña con el resto de los chicos del grupo, hicimos una “vaquita” para comprar algunas bebidas y otras cosas que hicieran falta y nos fuimos para lo de Moisés, quien nos esperó como nos prometió, en su humilde casa con toda su familia y con una parrillada para “chuparse los dedos”.
 
Moisés de Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo
Moisés (de buzo azul) nos invitó a almorzar a su casa a los 18 mochileros. Gracias Moisés!











En la casa de Moisés, Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo
Qué hambre, Tucu!!! jaja!
El perro de Moisés, Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo
El perro de Moisés,que al principio me quería comer...
El perro de Moisés, Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo
...terminamos siendo amigos, y lo saqué a pasear un ratito
Foto: Ariel Cristian Farias.
A todo esto, llevamos también para almorzar una caja llena de empanadas que nos había regalado el intendente de la ciudad atamisqueña Roberto Brandán, otro tipo de gran corazón. Eran como 60 empanadas, más lo que había puesto a la parrilla Moisés, más los vinitos y las gaseosas… estábamos joya! Qué más se podría pedir?  
 
Empanadas y asadito - Gambeteandoconladepalo
Empanadas y asadito - Gambeteandoconladepalo

La frutilla del postre...

Estos pagos son así, siempre te traen una sorpresa tras otra y su gente no dejó de maravillarnos en ningún momento. Y fue así como cerca de las 2 de la tarde se acercó a la casa de Moisés, el señor Elpidio Herrera; el Keith Richard de Villa Atamisqui, tal como lo definiera alguna vez León Gieco.  

 
Elpidio Herrera y sus sachaguitarras atamisqueñas - Gambeteandoconladepalo
Elpidio Herrera y sus sachaguitarras atamisqueñas - Gambeteandoconladepalo
Elpidio Herrera y sus sachaguitarras atamisqueñas - Gambeteandoconladepalo
Acompañan a Elpidio en la ejecución de este instrumento su hijo Manuel, su hermano Bebe, y acompaña con bombo y primera voz Piri Leguizamón.
Elpidio es uno de los hijos pródigos de estos pagos (el otro es Leo Dan). Compositor, músico, poeta, luthier, excelso artista que tuvimos la suerte de conocer. Debo reconocerlo y en mi caso particular no estoy muy al tanto de la música de estos lugares. Y en Santiago del Estero lo que más suena es la chacarera. Este señor es palabra mayor y la provincia ha dado muchos valores en este estilo musical, como Sixto Palavecino, o los Carabajal que también les nombré con anterioridad. 

Hace muchos años, allá por los ’70, Elpidio no tuvo mejor idea que inventar un instrumento musical al que llamó la sachaguitarra, un estilo de guitarra, con un sonido y forma muy particular. Construido con materiales de la región (calabazas) pronto le daría mucha relevancia al pueblo y a su creador, llevando la música y su arte a todos los rincones del mundo.   

 
Con la sachaguitarra de Elpidio Herrera - Gambeteandoconladepalo
Con la sachaguitarra de Elpidio Herrera. Mi mano derecha sostiene un arco como de un violín pero más pequeño (también se puede tocar con una púa)
Museo de la Sachaguitarra - Gambetandoconladepalo
Una de las primera sachaguitarras con las que Elpidio Herrera experimentó la búsqueda de nuevos sonidos. Museo de la Sachaguitarra.
Museo de la Sachaguitarra - Gambetandoconladepalo
Museo de la Sachaguitarra, Villa Atamisqui
Con Elpidio Herrera y Manuel, su hijo - Gambetandoconladepalo
Con Elpidio y Manolo, en el museo de la Sachaguitarra que tuvimos el honor de conocer.
Y por qué “sachaguitarra”? Bien, hay un detalle que todavía había omitido hasta este momento, y es que en los pagos de Villa Atamisqui se habla en algunas regiones y se conserva todavía la lengua Quichua, aquella que fuera hablada por los antiguos aborígenes de nuestras tierras y que aún hoy con el paso del tiempo se conserva en algunos territorios de nuestra querida Argentina y Latinoamérica. Entonces sachaguitarra vendría a ser un vocablo mixto entre quichua y español. “Sacha” en quichua significa “monte”; y bueno, guitarra ya se sabe, no necesita explicación; por lo que quedaría el nombre de este instrumento como “Guitarra del monte”.

Es el único instrumento conocido que puede lograr sonidos de otros diferentes instrumentos mecánicamente como por ejemplo el violín, sikus, chelo; además de imitar el trino de los pájaros y el sonido de otros animales.


Cómo se le ocurrió la idea y otros detalles, él nos lo cuenta mejor, en este video (dejar cargar porque están en HD). Fue grabado en el Museo de la Sachaguitarra, donde lo conocimos ese mismo día a la mañana y nos abrió las puertas de su museo.
  


Con las sachaguirras de Elpidio, el sol hermoso de invierno en la siesta santiagueña, los vinitos tintos en lo de Moisés y el buen momento que estábamos pasando con los amigos, comenzó la ronda de chacareras y baile.   

 
Se armó el bailongo - Gambeteandoconladepalo
Se armó el bailongo al ritmo de las sachaguitarras.... wiiiijuuuu!!!!
Se armó el bailongo - Gambeteandoconladepalo
Juro que para la próxima me van a tener ahí bailando!!!



Para despedirnos de Elpidio les dejo este videíto, en donde se ven las sachaguitarras y el grupo de Elpidio en plena acción!!!


Y así se nos fue la tarde atamisqueña, entre amigos, música y buenos momentos. Luego nos alcanzó el tiempo para irnos hasta el Río Dulce (a unos 7 kilómetros). Así que comenzamos la caminata y de a poquito nos fuimos acercando. En el camino nos levantaron y nos dieron un aventón, aunque no recuerdo ahora por qué nunca llegué a ver el río.

 
Camino al Río Dulce - Gambeteandoconladepalo
Camino al Río Dulce con Ariel, Aníbal y Nadia.

Esa tarde noche volvimos extenuados de tanta caminata. Al menos yo no daba más y necesitaba dormir. Eso sí, luego de unas deliciosas pizzas cocinadas por las chicas mochileras! A medida que se moría la tarde y aparecía la luna, el frío dijo "presente", así que el fuego nos hizo buena compañía hasta que el sueño nos iba derrotando uno a uno hasta la mañana siguiente, cuando despertamos y compartimos con los chicos mates con galleta y dulce de leche a medida que íbamos despertando. 

 
A la mañanita - Gambeteandoconladepalo
A la mañanita íbamos despertando de a uno para tomar matecitos bajo el sol
A la mañanita - Gambeteandoconladepalo
Estaba fresco pa' chomba!!!
Unas ricas galletas con dulce de leche para el desayuno - Gambeteandoconladepalo
Galletas con dulce de leche para el desayuno con mate
Luego de las galletas con dulce para el desayuno y los mates con los amigos de Autostop Argentina, hubo tiempo para "rascarnos el higo" un rato bajo el sol. Entre charla, risas y fotos se acercó el mediodía y corrió el rumor (porque en todas las pequeñas ciudades corre el rumor!!!) de que había locro por la plaza. Así que ya los que partíamos de vuelta tomamos nuestras mochilas y salimos rumbo a la plaza. Pero antes, me di tiempo para dejar mi impresión del viaje en una bitácora en la que los chicos anotan, encuentro tras encuentro, sus impresiones, sentimientos y sensaciones de cada reunión de amigos. Algo que me pareció perfecto y muy lindo! Así que con el permiso de ellos me hice un tiempito para dejarles mi mensaje y mi reflexión en su libro.


Bitácora Autostop Argentina - Gambeteandoconladepalo
 Escribiendo mis impresiones del encuentro de mochileros en la Bitácora de los amigos de Autostop Argentina - Foto: Ariel Cristian Farías
Con Moisés en Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo
Camino a la terminal nos reencontramos con Moisés, a quien aprovechamos para saludar y agradecerle nuevamente por su gentileza y buena onda.

Para terminar el encuentro, nos fuimos a almorzar todos juntos a la terminal, a probar el locro santiagueño. Ese 9 de julio, soleado y fresco, ese locro era la mejor opción aunque algunos comieron empanadas. 


Para despedirnos, locro - Gambeteandoconladepalo
Almorzando locro y empanadas en la terminal para despedirnos.





Quedó un poco de tiempo más para un par de fotos con los amigos y gente que compartí este hermoso viaje. Al terminar de almorzar, mientras la mayoría de los chicos se alejaban a lo lejos, yo me quedé en la plaza esperando que llegue nuestro colectivo para volver a Santiago del Estero junto a dos nuevas amigas tucumanas, Cecilia y Elizabeth, con quienes, junto a Camila y Federico viajamos hacia el mismo lugar.


Cami y Fede, despedida - Gambeteandoconladepalo
Cami y Fede se despiden
Despidiendo a Fede - Gambeteandoconladepalo
Despidiendo a Fede en la terminal de Santiago del Estero
Despedida con Fede y Cami - Gambeteandoconladepalo
Despedida con Fede y Cami
Una vez en la terminal de Santiago del Estero nos despedimos todos y quedaron grabados en mí cada momento y cada nuevo amigo que me hice en este viaje.
Hasta el próximo viaje. Gambeteando con la de palo....

Todas las fotos aquí

sábado, 14 de julio de 2012

Camino a Atamisqui, y volviendo al ruedo con el tren

Para llegar a la ciudad de Atamisqui, que nunca antes había ido, y que antes de partir no me fijé bien en el mapa dónde quedaba con exactitud, decidí tomar el tren Ferrocentral que sale de Retiro y que llega hasta Tucumán al otro día. Fue todo tan repentino y tan sin pensarlo que salí así nomás. Bien a lo loco como soy yo!

La comuna de Atamisqui es un destino para nada clásico, y quizá a más de uno si le preguntan dónde queda no sabe ni siquiera que queda en Argentina. Bueno, algo parecido me pasó a mí. Para ver a qué fui y conocer un poco más de historia del lugar en este post lo describo brevemente

Pero volviendo al tema de cómo pensaba llegar y demás, les contaba que el tren que pensaba tomar pasa a las 21.15 por Rafaela. Bah, ése es el horario que dice en el cronograma de horarios, pero siempre pasa un poco más tarde.

La primera vez que lo tomé, hace menos de un mes cuando me iba a Tucumán para comenzar luego a subir hacia Bolivia y posteriormente hasta Perú, pasó después de las 22 por Rafaela; así que cuando el viernes pasado el señor de la boletería de la terminal en Santa Fé me dijo que el único ómnibus llegaba a las 21.30 a Rafaela me fuí igual especulando con el tiempo.

Llegué a la terminal rafaelina pasadas las 21.30. De ahí me tuve que tomar un taxi hasta la estación de tren que está como a unas 20 cuadras. Cuando llegué por fin a la estación me puse algo ansioso porque el tren estaba estacionado sobre las vías a punto de partir, así que había llegado perfecto!

La mala noticia es que cuando llegué había un par de personas que querían subir al tren y no los dejaban. No había lugar para nadie más. Este tren -y calculo que casi todos- reserva algunos pasajes para venderlos en las estaciones más pequeñas donde se van deteniendo. Resulta que en esta ocasión, fin de semana largo de por medio, se vieron sobrepasados con las reservas y mucha gente quedaba sin viajar. Debo reconocer que un momento me dio mucha pena una niñita que lloraba porque quería viajar para visitar a su tía en Tucumán, pero yo no podía hacer nada. 

Aunque yo recién llegaba me sumé a la queja popular diciendo que hacía mucho tiempo estaba esperando allí para que me dejen subir y que finalmente no me dejaban.... hasta que vino el guarda del tren. El guarda del tren es algo así como el “capo de tutti capi” del tren. Es la autoridad máxima del mismo y a quien todos los empleados del tren acatan órdenes. 

Se dio el siguiente diálogo con el guarda del tren.
Yo: -Por favor señor, no me deje en banda, me vine desde Entre Ríos hasta aquí a tomar el tren...
Guarda: -Es que no tengo más lugar, hermano...
Yo: -Es que yo no voy hasta Tucumán, me bajo antes. Viajo parado si es por mí, no tengo drama.
Guarda: -No, no puedo hacerte viajar parado, mijo. Mirá si pasa algo. Es mi responsabilidad, voy preso.
Yo: -Pero no sea tan pesimista, jefe...
Guarda: -No soy pesimista, pero las cosas pasan. No viste lo que pasó en Buenos Aires hace poco?
Yo: -Si, pero yo me bajo antes, me quedo tranquilo en el lugar que usted me diga...
Guarda: -No tengo más lugar en turista... no ves que la gente tampoco puede subir? 
Yo: -Y en las más caras? No importa, le pago el pasaje, pero tengo que llegar. Me vine de Entre Ríos...
Guarda: -Y hasta dónde vas? 
Yo: -Hasta Ceres, o no sé, tengo que llegar a Villa Atamisqui, en Santiago del Estero, conoce? 
Guarda: -No, mijo, no conozco... venite para pullman, a ver si queda algún lugar, pero es mucho más caro que turista, eh... acompañame.

Cuando me dijo "acompañame" se me abrió el pecho de emoción. Ya tenía medio pie dentro del tren según mis intuiciones.

Al final consultamos por dónde me convenía bajar, y siguiendo la sugerencia de alguien que conocía el camino, – o que conocía más que yo, seguro – decidí que bajaría en La Banda, Santiago del Estero. De más está decir que a esta altura ya estaba instalado en mi asiento pullman, que hermoso y todo, me costó casi el doble de dinero también, jaja!. Pero bueno, me salí con la mía. Mientras el tren se alejaba con sus bocinas me vino a la mente la pequeñita que lloraba porque no podía subir y me sentí un poco culpable.

Me tocaron en el tren tres señoras rosarinas como compañeras de viaje. Muy copadas ellas. Aprovechaban su fin de semana largo y un par de días más para visitar el norte argentino y llegar hasta la Quebrada de Humahuaca

Las típicas preguntas de rigor que dónde voy y “patatín, patatán”, sumadas a las recientes anécdotas de mi primer viaje a Machu Picchu, nos mantuvieron en una hermosa charla hasta entrada la madrugada. Les mostraba las fotos que había tomado en mi viaje -que aún conservaba en el celular- y quedaron encantadas y con muchas ganas de hacer un viaje similar. Eso me pone muy feliz. Transmitir, contagiar, incentivar...


Camino a Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo


Camino a Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo
Antes de seguir mi camino a Villa Atamisqui hubo tiempo para fotito
con las diosas Rosarinas!!!


Luego de unas horas de charla y de compartir anécdotas con mis nuevas amigas, les pedí permiso para salir a dar una vuelta por el tren. Y fue inevitable que ese "paseo" por el tren me rememore los momentos hermosos vividos hace poco tiempo en mi viaje anterior. Me puse un poco sentimental porque es como que intentaba de alguna manera recrear momentos, personas y charlas del viaje anterior. Parecía un loco, me paseé por todos los vagones buscando gente o alguien que tuviera ganas de charlar o que me cuente su historia, y no di con nadie. Los pulmones del tren -separación entre vagones-, donde conocí la mayoría de la gente en mi viaje anterior, estaban fríos y vacíos. La gente en este viaje era más tranquila. Aún así, luego me hice amigo de Nelson y Juan Andrés. De Funes, Rosario. Iban camino a Tucumán y luego también llegarían hasta la frontera con Bolivia. Compartimos una larga y distendida charla llena de sonrisas y buena onda -en el pulmón del tren, como me gustan a mí!!- y por un momento, cuando me invitaron a seguir viaje con ellos, lo dudé un poco pero luego recordé que ya me había comprometido con los mochileros de Autostop Argentina en que iba a ir al encuentro.



Camino a Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo


Camino a Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo


Camino a Villa Atamisqui - Gambeteandoconladepalo
En el pulmón del tren -mi lugar preferido para hacer amigos y conocer historias-
con Nelson y Juan Andrés, de Funes, Rosario, payaseando un rato con las fotos.


Mi noche en el tren terminó con café doble en el comedor y logrando conciliar el sueño pensando en lo que vendría a la mañana siguiente cuando llegue a Villa Atamisqui.

jueves, 5 de julio de 2012

Viaje fugaz a Villa Atamisqui, yo me voy, qué tanto!!!!

Villa Atamisqui.... suena así de raro. A decir verdad, yo nunca lo había escuchado antes en mi vida. Es un pueblito en Santiago del Estero de no más de 3 mil personas. Su mayor honor es ser la cuna de Leo Dan (chupate esa mandarina!!) ... en fin, este finde me voy para allá a mochilear, a un encuentro de mochileros (sino a qué)... voy a dedo o en tren, estoy viendo todavía...

Habrá camping, guitarreada, comidas en los fogones, historias de trasnoche, tragos, risas y muchas anécdotas divertidas!



Leo Dan, un capo! jaja!



Y si todavía quedan dudas, acá les va un video de un temón que luego los más jóvenes vimos reversionado por grupos más contemporáneos como por ejemplo Café Tacuba



Lo más loco de todo es que esto surgió ayer (sí, sí!!)... en fin, estaba leyendo blogs de viajes, y es como que todo es una cadena, empezás en uno y no terminás más y te enganchás con otro y leés, le dejás mensajes y después te vas a otro y leés y te vas a otro y así... cuando querés acordar pasaron como 2 o tres horas leyendo y viajando en tu mente y en tu fantasía con las palabras de otras personas. Maravilloso.

Y así llegué a una página (Autostop Argentina) donde hablaban de un encuentro de viajeros argentinos, y la fecha era justo este fin de semana (sí, fin de semana largo!) y dije... y si voy? total, qué pierdo??? Y bueno, ahí nomás me puse a investigar un poco por internet, me puse en contacto con la gente del foro de la web, los agregué en la red social, ya comencé a cruzar palabras con varios personajes (pintorescos!!!) y creo que es lo que definitivamente  haré este finde...

Estoy ávido por conocer nuevas rutas, gente con historias interesantes, viajeros del infinito y del más allá. Estoy loco por contar de mis planes, mis proyectos y mis sueños. Estoy ansioso por conocer personas que tienen más o menos mis mismas ambiciones y que pueden retroalimentar mis sueños con los suyos y nos podemos ayudar mutuamente con algo tan simple como compartir una charla o unos fogones.

No sé si está bien o está mal lo que hago. No sé si me apresuro en las decisiones. Lo único que sé que los viajes me están cambiando el modo de ver las cosas, de vivir y de pensar tanto al momento de decidir. Después de todo, lo único que quiero es ser feliz y no estoy cagando a nadie.

Les contaré a la vuelta. A ver qué onda...


PD: les dejo el link por si hay algún otro loco/a que se quiera sumar! ---> https://www.facebook.com/groups/autostopargentina

Hasta pronto!!!

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