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viernes, 16 de noviembre de 2012

Rumbo a Machu Picchu, el viaje continúa : La Paz y Copacabana


Cuando nos fuimos de Potosí -ver capítulo anterior- había quedado en mí ese gusto agridulce de ganas de más. Agrio porque no pude conocer todo lo que me hubiera gustado; y dulce, porque de lo poco que conocí, me fui encantado. Había dejado atrás una ciudad colonial, histórica, con un pasado riquísimo –para pasarse horas y horas recorriéndola, charlando con su gente y conociéndola más-. Una ciudad, que además de su riqueza cultural, me mostró gente cordial, bonita, simpática y sencilla. Mi romance con Bolivia ya era un hecho.

Sabía que de ahora en más en mi itinerario me esperaban lugares mucho más dotados de hermosura -paisajísticamente hablando- como Copacabana o Cuzco; pero había aprendido también la lección de que lo bonito de un viaje no es todo lo que uno ve; sino que hay otros sentidos que también están para poder percibir y que es sólo cuestión de aflojarse un poco, despertarlos de un cachetazo y dejarse llevar.

Luego de un largo viaje, pero del que no puedo decir mucho –porque era de madrugada y me la pasé durmiendo arriba del bus- arribamos a La Paz. Habían pasado un poco más de 6 horas y 500 kilómetros desde Potosí y llegamos bien entrada la fresca mañana paceña.

Si cuando bajé del bus estaba un poco dormido, enseguida se me pasó el sueño cuando comencé a sentir otra vez en mis oídos los gritos de las voceadoras de las distintas agencias de viajes y transporte que ya desde temprano comenzaban con su “concierto” de chillidos (algunos ya eran aullidos, Dios!). Por un momento me había olvidado que estaba en Bolivia y esos gritos me pusieron de nuevo en mi lugar.

La estación de bus de La Paz no me pareció a la altura de la circunstancia. Me pareció un poco abandonada y descuidada. Quizá haya habido otra estación de bus y no la conocí, pero esta no me pareció para nada interesante. Su arquitectura no era lo que esperaba. Me esperaba algo mucho más impresionante. El dato no sería algo menor si es que no fuera que su diseñador fue Alexandre Gustave Eiffel; sí, sí, el mismo de la torre en París y quien diseñara el interior de la Estatua de la Libertad de Nueva York. A decir verdad, lo único que me gustaba era la parte exterior de la misma.

La terminal se encuentra en los predios que inicialmente fueron destinados para la construcción de la Estación Ferroviaria Guaqui - La Paz.

Cuenta con una estructura metálica que data del siglo XIX y su diseño fue realizado por el arquitecto francés Alexandre Eiffel y levantada por el constructor catalán Miguel Nogué. Qué nivel!!!!


Y de la ciudad, como dije antes, no puedo decir mucho. La Paz se ubica sobre un altiplano, a poco más de 3500 msnm. Recuerdo que a medida que nos acercábamos a la estación de bus era como que íbamos descendiendo por un embudo y nos enroscábamos en callejuelas súper ataviadas de automóviles y gente. Eso fue algo que me llamó mucho la atención: el "desorden" vehicular. Era muy temprano, pero la ciudad tenía un movimiento terrible. De “paz” tenía solamente el nombre!

Imaginaba que conducir por estas calles -para alguien que no esté acostumbrado- sería una verdadera pesadilla. Los automóviles tienen sus propias reglas. A veces daba la sensación que no les importaba el semáforo y se metían en cualquier lugar. Quien se encargue de vender minivans o combis -de esas marcas orientales, en Bolivia- habrá hecho un gran negocio por estos pagos, ya que donde se mire no se contaban menos de 10 de esos automóviles (por no exagerar y decir 20). Eso sí, quienes tenían la desgracia de viajar en uno de éstos, iban apretujados como sardinas y daba la sensación de que si alguien estornudara ahí dentro volaba alguno por la ventana. Estaba lleno de esos vehículos. No entiendo mucho de automóviles, pero calculo que deben tener mucha demanda por su autonomía, repuestos baratos y porque son ágiles como transporte de corta, mediana y larga distancia. 


Entra si quieres, sal si puedes!


Lo que me gustó del tránsito fue ver de esos buses viejos -modelos viejos digo- bien rústicos, cuadrados. Les muestro una foto; pero a mí me hacen recordar aquellos colectivos viejos, en mi ciudad natal, Villaguay, que llevaban a mi escuela a los chicos que vivían en un barrio militar.


Unos verdaderos fierros!


Otra de las cosas que me llamó poderosamente la atención de la ciudad era la disposición de las viviendas en la ciudad. Literalmente era una encima de otra. Como que no desaprovecharan ningún espacio. Había una en lo más bajo de la sierra y, a unos 500 metros ladera más arriba, había otra. Y entre ellas unas 100 casas más! Eran todas similares, estaban sobre calles muy estrechas. Eran casas, que a primeras, parecían humildes, sencillas; pero eso no les quitaba lo sorprendente de cómo estaban ubicadas ocupando toda la visión y la superficie de la geografía de la ciudad.

Bromeábamos con mis compañeros lo dificultoso que debía ser movilizarse en ese tipo de barrios o encontrar una vivienda en particular. A mis amigos bolivianos, cuando los visite, me tomaré un mes de anticipación para estudiar bien su mapa!

No cabe un alfiler más!


Amigos, esta noche nos juntamos en casa a comer. Mi casa es una de ladrillos vistos. Sino llegan a tiempo largo solo...


Y siguiendo con las sorpresas, si hay algo que me descolocó totalmente es el desparpajo de los bolivianos para hacer sus necesidades "donde les pinte". Esta foto quizá es casual -dirá más de uno- pero así, in fraganti, habremos visto no menos de 5. Para alguien que no está acostumbrado es una cantidad que hace dudar si se trata de una costumbre o de hechos fortuitos y aislados. De todas maneras, reitero, no me molestaba que hagan lo que estaban haciendo, me causaba gracia nada más. Igual, todo esto no quita lo bello de La Paz, y lo bien que me sentía conociendo un nuevo lugar. Al principio uno se sorprende de muchas cosas; pero con el tiempo se mimetiza.


Ahá! qué bonito, eh!!! Saludos a sacu!!

Buscando conexiones: al mejor postor, foto.


Una vez llegados a la estación de bus había que “pelear” otra vez los precios y buscar las mejores alternativas. Las diferencias de precios nos hacían dudar demasiado. Como solíamos hacer, nos dividimos y empezamos a recorrer la terminal buscando ofertas y luego en un lugar en común nos juntábamos a discutir las propuestas.

Así llegamos a conocer a Tatiana, una de las chicas que vendía pasajes en la estación de bus. Del precio inicial, con el correr de la charla, logramos rebajarle hasta la mitad.

-Oigan, ustedes son argentinos, no?
-(nos miramos con pingocho y el mago). Sí, amiga, por qué?
-porque son muy charlatanes y a la vez cariñosos. Igual, así nos gustan a nosotras.
-se merece unos mimos… -nos apuró el mago. Y así salió esta foto.


Grande Tati!!!

De La Paz teníamos que irnos hasta Copacabana y desde allí hasta Cuzco. Todo sin parar, porque como teníamos pocos días queríamos llegar cuanto antes a Cuzco para visitar Machu Picchu y luego ya regresar más tranquilos y con más tiempo –aunque yo para no hacer tan extenso todo lo contaré diferente-.

Por unos 17 bolivianos Tatiana nos consiguió un minibus para llegar a nuestro próximo destino: Copacabana.

Con el pasaje en mano, aprovechamos en la media hora que nos quedaba para recorrer la terminal, sacarnos fotos, ir al baño algunos y desayunar otros.


El mago, dai, pingocho y eva en la puerta de la estación terminal de buses de La Paz, Bolivia.

Con pingocho, en el mismo lugar. Les juro que el jopo ese en mi pelo es por la altura!!!


La verdad sobre la capital de Bolivia por tan sólo... un pan (con queso de cabra!)


Habíamos tenido un viaje medianamente largo y se venía otro de unas dos o tres horas hasta Copacabana, razón por la cual decidimos con Damián ir a desayunar algo.

Contentos como gurises con chiche nuevo, nos sentamos en unos bancos apostados en lo que era una especie de barra y elegimos desayunar café con leche condensada con panes untados con queso de cabra (que estaban mortales). Mientras hablábamos de las diferentes impresiones que tuvimos cada uno del lugar y hablábamos de La Paz, fuimos interrumpidos…

-Disculpen, señores, están equivocados, Bolivia tiene dos capitales. –nos llamó la atención, de manera muy educada, un hombre sentado enfrente nuestro mientras hablábamos con pingocho de la capital de Bolivia.
-Ah, sí?... y cómo es entonces? –respondí entre resignado e incómodo, porque al levantar la vista de manera sorpresiva no pude morder mi pan con queso recién mojado en el exquisito café con leche y se me había caído dentro de la taza (esto de verdad me duele más que mil puñaladas).
-Pues mira -se bajó del banquito en el que estaba sentado y se acercó hacia nosotros-  ¿Puedo sentarme con ustedes a desayunar mientras les explico? –interrogó con el mismo tono educado del principio.

Con mi compañero nos miramos confusos por la situación, pero si algo había ganado a lo largo de los pocos kilómetros recorridos -y en los pocos días del viaje- era cortesía y caridad. Pasaron unos escasos segundos en que nos miramos con pingocho, pero fue todo tan rápido, que no se notó ese milisegundo de vacilación y respondimos al unísono…

-Sí, tome asiento, por favor.

El hombre se acomodó tranquilamente en nuestra mesa, pidió su café con leche y comenzó su explicación. En resumidas palabras nos explicó que la ciudad de La Paz es la capital donde están los poderes ejecutivo, legislativo y electoral; es decir, presidentes, senadores, diputados y ministros residen allí; pero, por Constitución, Sucre es la capital boliviana, por eso se la llama vulgarmente la capital “histórica”. Además, es allí donde reside el poder judicial.

Mientras el amigo boliviano relataba con exquisita delicadeza cada detalle de la historia de las capitales, con mi compañero escuchábamos atentos.

-Sucre -continuó relatando el amigo- fue la capital de Bolivia hasta 1898-1899 cuando por una guerra civil la capital se trasladó hasta La Paz. En pocas palabras La Paz es la capital moderna, populosa, industrial y económica. Sucre es la capital histórica, cultural, constitucional y patrimonio cultural boliviano.

Y para cerrar con una metáfora el relato, agregó eufórico.. 
-“La Paz es la sangre y Sucre es el corazón!!”.


No comprendí del todo bien la metáfora, ni comprendí si el pan con queso de cabra que en ese preciso momento el hombre estaba mojando en el café con leche era el de él o era el mío, porque nos habían dado dos panes con el café con leche y yo sólo me había comido uno… tan rico que estaba! Aunque bueno, lo mejor de esta clase magistral de 10 minutos es que no nos terminó cobrando nada como temíamos desde un principio.

Al escuchar todo esto de parte del compañero boliviano, me dieron más ganas de conocer Sucre que estar en La Paz. Sí, parecería una ironía, pero eso mismo era lo que pensaba en ese preciso instante.

Apuramos el último sorbo de café con leche -porque en pocos minutos partía el bus-, nos despedimos de nuestro “historiador” boliviano, y nos juntamos con el resto de nuestros compañeros.

Después de media hora de espera, al fin, partimos.



El primer contacto con el Titicaca


A medida que avanzábamos, el paisaje se iba tornando cada vez más bello. Ya comenzaron a aparecer los primeros vestigios de espejos de agua. El Titicaca estaba cerca. ¿Cuántas veces de pequeño había dicho la palabra Titicaca? Sí, de pequeño, porque recuerdo que la utilizábamos en una suerte de canción infantil que ahora no recuerdo bien. La nombrábamos así como quien no quiere la cosa; sólo por el placer de cantar y sonreír como hacen todos los niños. Más de grande me enteré que era un lago y que estaba en Bolivia, pero nunca me imaginé tenerlo enfrente. Ni se me pasaba por la cabeza! En definitiva, estaba en el mismísimo Titicaca. Y me sentía como un niño, con una tonta alegría inexplicable. Feliz porque sí nomás.


Dedicado a mi banda de amigos de la infancia con quienes cantábamos canciones alusivas al Titicaca jaja

El primer contacto con el famoso lago fue en el Estrecho de Tiquina, el cual es una unión de las dos masas de agua que conforman el Lago Titicaca: Lago Menor y Lago Mayor. En sus márgenes descansan las poblaciones de San Pablo de Tiquina, de un lado y San Pedro de Tiquina del otro lado. Pequeños poblados donde se puede apreciar que están integrados por muchos individuos de sangre originaria de la región que subsisten, en gran medida, gracias al turismo.


Para cruzar el estrecho, se cruza desde San Pablo de Tiquina hasta San Pedro de Tiquina
Por unos pocos bolivianos, se saca el ticket en la boletería y luego se elije uno de los barquitos para cruzar el estrecho

"Lo que un día fue nuestro, nuestro otra vez será" : Me llamó mucho la atención la agresividad de este mural con el cual Bolivia aún reclama la devolución de las tierras del norte de Chile que fueron "tomadas", dejando al país boliviano sin salida al mar, durante la Guerra del Pacífico.

Estas son las balsas gigantes que se encargan de pasar los automóviles y buses desde una orilla del estrecho hacia la otra.


Dejamos el bus -los automóviles cruzan aparte- y por un boliviano con cincuenta nos llevan en una barquita a cruzar los casi 800 metros desde la orilla de San Pablo de Tiquina a la orilla de San Pedro de Tiquina. Las embarcaciones son pequeñas y la mayoría pertenecen a pobladores de algunas de las dos comunidades ubicadas a las orillas del lago. A medida que se van llenando van partiendo hacia la otra costa donde hay que esperar que el medio de transporte que nos alcanzó hasta allí cruce en algunas de las balsas dispuestas para ese fin.


El azul del lago y su frescura es increíble

Al cruzar de una orilla a la otra es un buen momento para charlar con otros viajeros de todo el mundo.

De a poco, San Pablo de Tiquina queda atrás, y el paisaje costero es verdaderamente bello.

"Por un momento me hubiese gustado ser motor de barcaza para nadar en esas aguas"...


Esta pequeña travesía de casi veinte minutos, combinada con el azul del lago, el cielo espléndido y el sol majestuoso es, simplemente, una maravilla. Era ésta la primera vez, en lo que iba del viaje, que un paisaje natural me hipnotizaba con su belleza. 


Por unos instantes me sentí en un poema. Un ser benditamente afortunado.
Arribando a la otra orilla del estrecho, San Pedro de Tiquina

Bienvenidos a San Pedro de Tiquina!
El sol de San Pedro de Tiquina se siente tan bien que este canino no me dió ni la hora.

Les dejo algunas fotos!





Cuando terminó el cruce por el estrecho, nos aprontamos para seguir el viaje. Así creo que pasó una hora hasta que por fin, en el horizonte emergió, resplandeciente, Copacabana. Las palabras aquí sobran. Les dejo un video con algunas pocas imágenes de los paisajes que se pueden ver al acercarse de a poco a la ciudad. El video no muestra mucho, pero es para que tengan una visión más clara de lo que les hablo. 





Será hasta el próximo capítulo donde contaré con más detalles cuáles fueron mis impresiones de esta ciudad que me dejó maravillado y encantado; ya con imágenes, videos y relatos desde Copacabana y la parte norte de la Isla del Sol.

Hasta la próxima!


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miércoles, 7 de noviembre de 2012

Reflexiones para viajar: "Esta es tu vida..."

Estaba paveando un rato en mi recreo laboral y, como es costumbre, mientras aprovecho a comer algo me puse a navegar entre blogs, redes sociales y páginas varias.

Entre ese océano de bits y bytes que entran a nuestros ojos en forma de imágenes, textos y audios, y entre toda esa mistura de información -que somos capaces de recibir hoy en día desde la computadora- uno siempre rescata algo que le gusta más que otra cosa por algún motivo. Quizá porque está viviendo una situación especial -especial para uno-, o simplemente porque nos identifica, algo, de todo lo que uno ve, y lo asimila. Es decir, nos llega. Nos toca.

Eso me pasó hace un rato, estaba navegando, haciendo de todo un poco y leí una frase que me gustó mucho y que me dieron ganas de compartirla por aquí. Quizá haya otra persona que se identifique con ella o que le llegue del mismo modo que me llegó a mi. O que esté en una situación especial que le permita ver más allá de unas simples líneas y párrafos. 

El autor de la frase no lo sé (pero tampoco lo busqué). Sí les voy a decir que lo ví compartido en las redes sociales por un contacto mío desde el grupo "Nieztche para los pobres", así que el que quiera frases similares (y algunas otras muy graciosas) que las busque allí.


La frase dice así:
 
Esta es tu vida. Haz lo que amas, y hazlo a menudo. Si no te gusta algo, cámbialo. Si no te gusta tu trabajo, déjalo. Si no tienes tiempo suficiente, deja de ver la televisión. Si estás buscando el amor de tu vida, para; te estará esperando cuando estés haciendo cosas que amas. Para de analizarlo todo, la vida es simple. Todas las emociones son fantásticas. Cuando estés comiendo, aprecia cada bocado. Abre tu mente, brazos y corazón a cosas y gente nueva, estamos unidos por nuestras diferencias. Pregunta a la próxima persona que veas cuál es su pasión y comparte un sueño inspirador con ella. Viaja a menudo; perderte te ayudará. Algunas oportunidades sólo vienen una vez, aprovéchalas. La vida es la gente que conoces, y las cosas que creas con esas personas. Sal fuera y empieza a crear. La vida es corta. Vive tu sueño y lleva a cabo tu pasión.

Viaja a menudo; perderte te ayudará. La vida es corta. Vive tu sueño y lleva a cabo tu pasión.


Que tengan una buena semana!


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