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viernes, 21 de marzo de 2014

Un cumpleaños con muchas "saudades"....

Cumplir años en otro país es una experiencia distinta para mí, rara, no sé, me da algo así como cosquillas un poco... no se me ocurre bien cómo definirlo con exactitud todo lo que siento en este momento! 

Es una mezcla extraña de pensamientos y reflexiones hermosas que van a mil por hora y no se detienen y en todos los momentos veo rostros de mi familia, de mis amigos, de mi novia, de los compañeros de la vida, del trabajo, de la facultad, del gimnasio, de los cursos de respiración y meditación, de los amigos de mis amigos, de mis perros, de mis vecinos, de la gente que he conocido en la calle, en la verdulería, en el quiosco, en el supermercado, en la parada del bus, en unas vacaciones, de los que conocí de sólo compartir un trago o un saludo o un momento casual, de los que conocí en aventuras y locuras... y la verdad que también acordándome de todos me dieron nostalgias, ganas de muchas cosas. 

Acá en Brasil hay un término muy lindo que utilizan para cuando hay cosas que te hacen cosquillas, te causa nostalgia y te hace pensar mucho y se dice "saudade". En realidad tiene muchas connotaciones, pero hoy me viene como anillo al dedo para describir esta sensación de este instante.

Tengo saudade de mi casa, de mi vieja a la mañana cuando me despedía con un beso al irme a trabajar, de los mates con mis compañeros de laburo y hablando de todo un poco y riéndonos y escuchando música mientras trabajábamos. Saudade tengo de la gente que me cruzaba día a día y que nos cruzábamos un par de palabras y ya estábamos en la misma sintonía.

Saudades tengo de volver a casa y que mis perros y mi gato me festejen con su olor a sucios y revolcarnos por el piso como si yo también fuera un perro y hablarles con voz de niño. 

Tengo saudade de un amor que me espera, que me acompaña, que me ilusiono con que alguna vez se suba a este tren conmigo y recorra la vida de mi mano y juntos seamos felices.

Saudade me da cuando recuerdo a todos mis hermanos con sus familias hermosas que han formado y con los sobrinos preciosos que me han regalado y jugar con ellos a ser el tío que siempre los pelea para luego abrazarlos bien fuerte y llenarlos de besos.

Tengo saudades de la milanesa, de los alfajores, del fútbol, del fernet, del rock, de la facultad, de los mates con mis amigos y amigas, de las tarde de ir al parque a mirar el río, saudade de gente que uno sabe que no va a volver a ver, de gente que acabo de conocer, de amigos de toda la vida, de la infancia, de todas mis aventuras por este hermoso placer de vivir y sentirme parte de un plan, de mi plan, de viajar y ser feliz viajando. 

Tengo saudade de todo. Extraño, sí. Siento que hay parte de mí en muchas cosas y en muchas personas y viceversa. Pero esto recién comienza y el hecho de pensar que hay gente que se preocupa por mí, que me recuerda, que me quiere y quiere cosas buenas para mí también me da fortaleza.

Pasé un cumpleaños diferente, rodeado de gente que conozco hace poco tiempo y que me ha sabido acompañar con un saludo, un beso y un abrazo. Fue lindo y estuvo colmado de saudades también. Y la saudade también es algo lindo, como dije antes, hace cosquillas, te hace sentir vivo y está en uno escoger como quiere que las sensaciones repercutan. Y yo escojo siempre lo positivo. Y por eso, voy a seguir adelante.

Gracias a todos los que se acordaron de mí, los llevo conmigo a todas partes.




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miércoles, 19 de marzo de 2014

Historias de Buzios: Insegurança y un mensaje de amor

Hace poco tiempo venía yo escribiendo sobre algunos personajes de Buzios y había comenzado a contar sobre Igor, ese músico bohemio y errante que no he vuelto a ver hasta el momento y que una vez ayudé a dar su primer paso para animarse a cantar en las calles y juntar algún dinero con su gorra.

Pero además de Igor, en Buzios he conocido otros personajes que no se conocen de otro modo que no sea viviendo como viajero: sin tiempos, sin apuros, sin esquemas, relajado por las calles caminando, guiado sólo por la intención de encontrarme con personas e historias maravillosas, dejando de lado por un momento la visita a los atractivos meramente turísticos para descubrir aquello que no se muestra en los folletos de turismo ni en las agencias de viajes y que sólo atraemos con nuestra energía positiva: la gente hermosa. Y aquella mañana, luego de escribir algo en el blog ("Contagio de amor"), al momento de cruzar por la plaza principal me lo crucé a Insegurança, un personaje super simpático, agradable y cortés... aunque al principio no pensaba lo mismo...
 

Joao Evangelista Barboza De Souza, alias "Insegurança", tiene 54 años, es de Paraíba y vive hace 9 años en Buzios. Lo conozco desde mis primeros días por aquí. Recuerdo que estaba sentado al lado de un quiosquito que se ubica en una de las esquinas de la plaza, con una camisa super colorida y extravagante, con su barba blanca de anciano que no se afeita por unos días, con su gorro de capitán (tiene un par de sombreros y accesorios para la cabeza muy llamativos!) y su mascota al lado, Elton Jhon, un perro de peluche con su nombre escrito en el pecho. Yo había ido a comprar una cerveza una tarde y allí lo vi sentado hablando en portugués cuando yo no entendía mucho que digamos por entonces. Como suelo hacer con las personas que me generan algún tipo de interés lo saludé con un "boa tarde" y no me escuchó y me "quedé pagando" esperando su saludo de vuelta que nunca llegó. Cuando compré mi cerveza y me alejé del quiosquito, volví la mirada hacia este personaje y atrás había un cartel que rezaba "Insegurança é bravo e inseguro" y me quedé con una imagen un poco hosca de este personaje...







El tiempo pasó. A mí no me había costado ya por entonces hacer nuevos amigos con quienes nos juntábamos -y todavía hoy nos seguimos juntando- todas las noches en la plaza -luego de trabajar, pasadita la medianoche- a guitarrear, cantar, conocernos, charlar, reírnos. Así fue que me hice de grandes amigos y amistades en Buzios: desde la gente que cuida los banheiros (baños) hasta los viajeros que están de paso como yo -algunos que trabajan, otros sólo viajan y disfrutan su estadía-; para con todos intercambiamos diálogos interesantes y divertidos que me alegran el fin de mis jornadas laborales y me recargan de pilas.

Una de esas noches éramos un grupo bastante grande de aproximadamente 15 o 20 personas en la plaza. Había de todas partes: Brasil, Colombia, Argentina, Uruguay. Estábamos tomando algo reunidos como en un círculo charlando todos con todos y sucedió un altercado en la plaza cuando un grupo de personas quizo golpear y agredir a un garoto brasilero que suele andar por las calles de Buzios y el ambiente se puso tenso.

En ese momento, de la nada, apareció Insegurança y se unió a nuestro círculo de amigos y trató de robarle protagonismo al incidente con palabras sanas, positivas, mensajes y consejos. Nos dijo que no nos metamos en ese incidente, que lo traten de solucionar ellos. Que no miremos más, que "hagamos la nuestra" y que no dejemos que un momento tan lindo se vea empañado por algo que no tenía nada que ver con nosotros. Mágicamente todos pudimos entender su mensaje y nos había llegado en el momento justo cuando nadie sabía muy bien cómo reaccionar… y así, entre muchas otras palabras y consejos, sin querer la pelea se fue de foco y nos quedamos charlando la noche entera disfrutando nuevamente de la amistad, de las sonrisas y de la compañía de Insegurança. A partir de ese mismo momento mi percepción del alma de Insegurança dio un giro de 360 grados.

Insegurança tiene un hablar pausado, calmo. Habla como esforzándose. Su mirada transmite calidez, seguridad, paz. Tiene el modo de hablar de un padre cuando le habla a su hijo. Siempre había tenido la intriga del origen de su apodo y me sorprendí cuando él mismo me confirmó entre sonrisas pícaras que le decían así porque “eu não seguro nada, sou insegurisísimo” (yo no aseguro nada, soy insegurísimo), afirma con una rotundez que no causaría ternura alguna si es que no viene acompañada por su sonrisa pícara y cálida.
 

Comenzamos a cruzarnos más seguido por todo Buzios. Hasta en el carnaval lo vi desfilando con una de las musculosas de las comparsas buzianas. Siempre sonriente y dispuesto a charlar, no entendí nunca aquel primer momento cuando lo conocí que me causó una mala impresión; así que le resté importancia y me quedé con mi nueva percepción sobre su persona.
 

Él vive en una casita, a la vuelta del quiosco donde lo conocí, donde siempre se lo puede encontrar allí sentado junto a sus secuaces, tomando cerveza, fumando y riéndose. Allí también tiene un pizarrón donde todos los días Insegurança escribe una frase y la comparte con el mundo y que cualquiera puede leer. Por lo general son frases irónicas y llenas de comicidad, que llegan a cientos y quizá a miles de personas de todo el mundo que caminan por las calles buzianas y que en pleno centro de la ciudad pueden ver aquel cartel con sus ocurrencias diarias.
 


Aquella mañana

Aquella mañana que yo me desperté con aquel pensamiento tan lindo y con esa sensación de contagiar amor, camino a la panadería en busca de alguna factura rellena con mucho dulce de leche (de esas que extraño tanto de mi Argentina), inesperadamente me lo crucé a Insegurança junto a dos de sus amigos que estaban en la plaza sentados en uno de los banquitos mirando el amanecer y charlando. Fue entonces cuando me acerqué, me reconoció y nos saludamos para luego charlar unos minutos y de paso tomarme el atrevimiento de proponerle mi frase para que la comparta en su pizarrón y de este modo llegar a muchas otras personas y que el mensaje se comparta y se contagie a todos aquellos que lo lean.
 

Enseguida aceptó gustoso, y un poco sorprendido por mi propuesta, me pidió que lo esperara porque buscaría una hoja y una birome para que yo le pudiera escribir el mensaje para su pizarra y él pueda recordarlo fácilmente.

Nos llevó un par de minutos escribir el mensaje y ponernos de acuerdo en las palabras que utilizaríamos. Hasta me puse sus anteojos (que me quedaban grandes y se me caían) para sentirme en su piel como cuando se le ocurre alguna frase, de esas que escribe todos los días. Todos estos momentos fueron captados con mi notebook y tuve algunos problemas técnicos y por eso el sonido no se escucha, pero muestro el video para retratar el momento y la situación exacta de aquel encuentro. 



 


Y la gran sorpresa...

Pensé que se olvidaría o que iba a perder la hoja que escribí aquella mañana, pero al otro día, cuando fui a trabajar, grande fue mi sorpresa cuando encontré in fraganti a Insegurança escribiendo mi mensaje, con la misma hoja que yo le había escrito y que había guardado. Al verme sonrió, sonreí y nos abrazamos. De paso yo me sumé a su tarea cotidiana y colaboré escribiendo algunas palabras y un dibujo que ilustre y complemente el mensaje. Luego nos despedimos con otro gran abrazo y me fui contento con una gran sonrisa a trabajar. La verdad que me puso muy contento que me haya tenido en cuenta para sus frases del día. 

 
Gambeteando con la de palo en Buzios
Terminamos el mensaje y nos dimos un apretón de manos para que quede en el recuerdo tan lindo momento.

Y allí, en la pizarra de Insegurança, quedó el mensaje, todo el día, toda la jornada, hasta que otro mensaje de su autoría al otro día vino a reemplazarlo. Seguramente no cambiamos el mundo ni evitamos la guerra, pero quizás con ese gesto sencillo y tan simple contagiamos con buena onda al menos por un momento a todo el mundo que posó sus ojos sobre ese rincón de Buzios a reflexionar por las cosas que verdaderamente valen la pena y que transforman el universo en el que vivimos en un mundo mejor.
 





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jueves, 13 de marzo de 2014

Hoy desperté: "contagio de amor"

Gambeteandoconladepalo
Hoy desperté...



Hoy desperté irremediablemente feliz y escribí...

El contagio de amor existe. Lo contagiamos con una sonrisa, con un apretón de manos, con un abrazo, con un te extraño, con un te necesito, con un perdoname, con un lo siento, con un te quiero! Y si vamos por la vida contagiando amor en lugar de penas, quejas, aflicciones, problemas?? contagiemos buena onda, seamos sanos, puros y esencia genuina, energia positiva. Sólo asi se cambia el mundo, con gestos que parecen pequeños pero que motivan, contagian, generan secuencias que a simple vista parecen subatómicas, sin sentido aparente pero que en el fondo transforman el universo en un mundo mejor para todos. Buen jueves, los extraño a muchos y los quiero a todos.

lunes, 10 de marzo de 2014

Historias de Buzios: Igor, el macaco que toma cerveza y toca la guitarra.

Suelo salir a caminar por las calles buzianas buscando algo de qué sorprenderme o buscando la manera de contar una historia y, como quien no quiere la cosa, a menudo me suele ocurrir que me cruzo con verdaderos artistas, desconocidos, pero con un talento infinito que no dejan de sorprenderme.

Me he cansado de conocer artistas en Brasil –sobre todo músicos- (es un decir, nunca me he cansado, claro). No sólo son todos de aquí -aunque sí la mayoría- sino también de otras partes del mundo. Pero en términos generales es imposible venir a Brasil y no cruzarse con algún músico, cantante, bailarín, dibujante, artista en general… pareciera ser la tierra donde todos tienen algún talento. Es imposible no maravillarme cuando los veo o los escucho; enseguida me pregunto... y para cuándo un show? Un concierto? Un disco? Que pido mucho? Para nada! Es vivirlo para creer… 


Recuerdo que al primero de ellos lo conocí en la plaza de Buzios, a los pocos días de haber llegado. Su nombre es Igor y estaba con su guitarra poniéndole música a la tarde de unos meninos que estaban brincando (jugando) en el centro de la plaza quienes al son de los acordes hacían unas envidiables verticales que llegaban hasta el cielo. Sorpresivamente de él no tengo aún un video o un registro digital de su talento. Tengo todo en mi memoria y su recuerdo aún está latente en un par de fotos que en alguna otra oportunidad la noche nos cruzó nuevamente en la playa, en alguna guitarreada de esas improvisadas que aquí abundan.

Cuando aquella tarde lo conocí recuerdo que comencé rompiendo el hielo pidiéndole que se acercara a la webcam desde donde estaba chateando con mi novia para que le cantara alguna canción dedicada para ella. Muy gentilmente accedió y nos deleitó a los dos: a mí, a su lado y a mi novia a la distancia.

Luego de la gentileza lo invité a tomar unas cervezas y seguimos charlando un buen rato. La verdad no le entendía mucho pero a la fuerza lográbamos finalmente comprendernos. Así, comunicándome de ese modo con él, comprendí que la mejor manera de aprender un idioma es perderle el miedo al ridículo: un poco se habla, un poco de señas y muchas sonrisas. Así, de este modo, no hay barreras que impidan comunicarnos con nadie.

Me contó su edad, 29 años; y se asombró cuando le conté la mía; 31. Era moreno, alto, muy delgado, su voz era ronca, “como la de un hombre adulto que fuma y bebe mucho” pensaba para mis adentros. Se reía a cada instante mostrando sus grandes dientes. Usaba un aro plateado en su oreja izquierda y un reloj plateado en su muñeca.
Era muy cordial y simpático para charlar y así de a poco, comenzamos a conocer un poco más uno del otro.

Yo le conté que andaba hacía poco tiempo en Buzios, viajando y haciendo lo que hace tanto tiempo soñaba y lo que más me gustaba hacer: viajar; llevando de paso las cenizas de mi padre a México; habiendo renunciado a mi trabajo de cinco años y eligiendo vivir la vida tras ese desafío que me había propuesto. Él me contó que era de Mina Gerais y que, al igual que yo, había renunciado a todo para cumplir su sueño de ser feliz llevando su música en el camino. Yo le conté de mi intención de escribir un libro alguna vez; y él me contó la suya de grabar un disco también. Los dos éramos unos locos bohemios detrás de una ilusión...

Aquella tarde yo entraba a trabajar a las cuatro en el restaurant donde aún hoy trabajo. Faltaba hora y media. Su gorra no tenía muchas monedas en su interior –las pocas que había eran suyas y las usaba de “señuelo”- y fue entonces cuando yo, que conozco un poco más Buzios, le sugerí que si quería ganar un poquito de monedas tendría que ir al muelle desde donde descienden a cada hora embarcaciones desde los ferrys acuáticos, cruceros y otros medios de transporte turísticos. Cientos de turistas de todas partes del mundo pasan por ese muelle y salen de recorrida a conocer la ciudad o vuelven hasta allí para retomar sus transportes. Era el lugar ideal, me sorprendí a mí mismo por mi idea brillante!

-Es que no me animo, es difícil empezar… -Respondió Igor con una sinceridad brutal; y al ver en su rostro signos de resignación, sin dejarlo terminar la sentencia agregué…
-Yo iré contigo, no tengo guitarra, ni sé tocar ningún instrumento. Tampoco sé cantar, soy muy malo! Pero puedo hacer palmas, o llamar la atención para que la gente te oiga, o detenerla mientras caminan, o no sé… ya se me va a ocurrir algo, hay que intentar dar ese difícil primer paso, ven, te invito otra cerveza así te relajas un poco…
-Otra cerveza? –me lo dijo entre incrédulo y sorprendido, pero con una sonrisa pícara que le devolvió el brillo a su rostro.
-Claro!, no te gusta acaso la cerveza?...


Y fue aquí cuando remató con una frase que no olvidaré por mucho tiempo en mi vida y que a la vez me estaba dando de algún modo un tipo de enseñanza…

 
-Si! Pero invitar con cerveza a un brasilero es como darle bananas a un macaco -y estallamos en risa los dos y nos chocamos los puños en gesto de compinches y salimos rumbo al muelle que nos quedaba a una cuadra de la plaza…

En menos de 10 minutos ya estábamos sentados en pleno muelle. El día estaba hermoso. Un sol radiante iluminaba todo el ambiente y un suave aunque intenso viento soplaba desde el mar levantándole la pollera a las mujeres. Así, fue fácil para mí adivinar cuál de las mujeres que caminaba por el muelle era brasilera y cuál no; y así también por un tiempo con Igor nos divertimos, a modo de previa, descubriendo las nacionalidades de las mujeres confirmando luego de dónde eran esas mujeres al oírlas hablar cuando pasaban por nuestro lado o sino haciéndoles alguna pregunta al paso. Había un secreto que yo por observador y por llevar más tiempo aquí llevaba con ventaja y que a Igor le intrigaba mucho que adivinara casi siempre.

-Cómo haces para adivinar siempre? –me indagó sorprendidísimo…
-Es fácil. La mujer brasilera no le interesa que se le levante la pollera, no le interesa que se le vean las piernas por completo ni se interesa que se le vea el bum bum. No se reprime, es muy natural, fíjate bien y presta atención…

Igor titubeó, hizo una mueca de incredulidad, observó las mujeres que venían de paso, me volvió a mirar y abriendo los brazos mirando el mar largó una fuerte carcajada y me dijo…

-Aahh cara, você é incredível…

Este modo de adivinar a prepo de donde eran las mujeres también nos servía para preparar el chamuyo y posterior guitarreada porque Igor, que no paraba de sorprenderme, improvisaba las letras de acuerdo a las características físicas y de vestuario y así armaba sus rimas acompañando con su guitarra sus versos. Mi papel en esos casos era quedar literalmente “pintado” y sólo atinaba a hacer caritas y sonrisas como tonto mientras pasaba la gorra. 


Demasiado éxito no tuvimos así que luego de esa ocasión, muy gentilmente, él sabiendo que a mí me gustaba escribir me propuso escribir una canción a medias. Él comenzaría con unos renglones y me pasaría a mí para que yo lo complete con lo que se me ocurriera. Por un momento irónicamente le pregunté si yo haría de  Vinicius (De Moraes) o de Tom (Jobim), haciendo alusión a dos grandes de la Bossa Nova Brasileña que una vez, de un modo similar a lo que estaba aconteciendo en aquella circunstancia entre Igor y yo, hicieron una de las canciones más conocidas y traducidas en el mundo, cuando le escribieron a una mocita que caminaba por la playa la tan renombrada y famosa Garota de Ipanema…

-Y quién sabe?, lo que comienza como un juego y una fantasía puede terminar en un deseo hecho realidad. –me dijo sonriendo y me hizo sonreír más aun a mí cuando comprendí que en esa oportunidad no había necesitado que yo me esfuerce en explicarle el por qué de mi ironía y, además, Igor ya estaba entrando en confianza consigo mismo derribando sus miedos e inseguridades.

Como no andaba con mi cuadernito de viajes improvisamos una hoja sobre la cual escribir en un folleto de una agencia de viajes. Intenté en un principio rimar algunos versos que se derramaban de algunas sensaciones y pensamientos míos de aquel instante. No recuerdo bien ahora lo que improvisé en aquel momento ni guardé el borrador pues finalmente se lo quedó Igor como recuerdo y lo guardó celosamente en uno de sus bolsillos.
 

Así como pasaron los minutos, lo que en un principio yo había escrito comenzó a desvirtuarse y fueron surgiendo palabras de quién sabe dónde y comenzaron a llover rimas por doquier y con mucho entusiasmo nos conectamos uno al otro de un modo que hasta yo comencé a cantar en portugués repitiendo a modo de eco las últimas palabras de Igor y de a poco, no sé si por la alegría que transmitíamos o porque realmente era bueno lo que estábamos haciendo, la gorra se fue llenando de algunos billetes y monedas y nuestras sonrisas y alegría ya para esa altura eran indisimulables.

No fue mucho dinero. En realidad eso sí lo recuerdo con exactitud. Fueron diecisiete reales con cincuenta en menos de una hora y media.

El tiempo se pasó rapidísimo y yo tenía que entrar a trabajar. Igor intentó darme un poco de dinero. 


“Al menos cóbrate por las cervezas que se ha tomado este macaco”. -Me dijo sonriendo como siempre, y agregó, mientras nos dábamos un último abrazo de despedida:


-Amigo Guido, nunca antes había hecho esto en mi vida pero siempre quise hacerlo alguna vez. Le agradezco mucho su ayuda y su compañía. Es usted una gran persona. Muchas gracias…

-De nada, Igor. -Respondí algo sonrojado. Para mí ha sido un placer acompañarte. “Eso sí” –cambie la cara de sonrisa a seriedad- “Si el día de mañana te haces famoso, seré yo el macaco a quien tendrás que alimentar con cerveza”… y volvimos a estallar en sonrisas cómplices y finalmente me alejé.

Caminé unos cuarenta pasos, me volteé a mirarlo nuevamente y ya se había reacomodado en el mismo lugar del muelle donde nos habíamos ubicado en un principio los dos, sólo que ahora él estaba solitario allí sentado frente al mar cantándole con su guitarra a quien quiera escucharlo, como era su deseo. 


Sonriendo para mis adentros me di la vuelta y me alejé definitivamente, feliz, sabiendo que había tenido una acción sencilla pero valiosa.
 

Volví a encontrarlo en un par de ocasiones más al poco tiempo y él siempre dejaba lo que estaba haciendo o dejaba de hablar con quien estuviera hablando para saludarme y preguntarme cómo estaba o cómo me sentía. Me contó que se había mudado hacia otra zona de la ciudad en busca de un trabajo y que por eso ya no vendría tan seguido a la plaza, la misma plaza en la que una noche coincidimos cuando yo salía de mi trabajo y él con su guitarra estaba, cuando no, bebiendo cerveza.

Esa misma noche decidimos volver al mismo muelle donde en una oportunidad se afianzó nuestra amistad y allí, guitarreando, se fueron acercando turistas curiosos con ganas de cantar, de beber algo y de hacer algo diferente. Se fue armando una gran ronda de chicos y chicas de todas partes y nos pasamos todos cantando, charlando y riéndonos en todo momento.


Gambeteando con Igor - Buzios
Igor y su cara de disgusto al cortarse una cuerda de su guitarra

Gambeteando con Igor - Buzios
Igor y yo improvisando pavadas

Gambeteando con Igor - Buzios
Dijo que si alguna vez me escribía una canción ésta sería la foto para el disco. En mi libro también estará :)

Gambeteando con Igor - Buzios
Con amigos chilenos, argentinos y brasileros.

Gambeteando con Igor - Buzios
Igor atrás, parado, de camisa. Y adelante yo para la última foto de la noche en la plaza donde nos conocimos.


Luego sí, no he vuelto a verlo hasta entonces. Pero estoy seguro que esté donde esté, él siempre guardará un grato recuerdo de aquel momento que compartimos y quizás, ya sería demasiado -mas no imposible-, me recuerde en alguna de sus composiciones... así como yo lo recuerdo en estas líneas.


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sábado, 1 de marzo de 2014

Gracias a los 4300 que gambetean con la de palo!!!

Llegamos a los 4300 amigos que gambetean con la de palo!!! qué lindo es saber que hay gente que me acompañan a pesar de todo: de la distancia, de los idiomas, de las culturas, de las ideologías, de las banderas... todos gambeteando con la de palo por igual sus vidas a su manera. 

Yo escogí viajar y ser feliz detrás de un sueño, pero algunos otros escogieron gambetear con la de palo en su ciudad, en su trabajo, con otros proyectos y otros sueños. 

Todos somos partes del mismo tren; el tren de los soñadores hambrientos! 

Gracias x 4300!!!

El tren ya está por partir nuevamente, los voy a llevar a nuevas aventurar e historias, el que se quiira subir que se sume y forme de este hermoso placer de vivir la vida haciendo lo que a uno más le gusta!!

Hasta la próxima estación,

Atte: Gambeteando con la de palo

El tren de los soñadores hambrientos - Gambeteandoconladepalo
Bienvenido a bordo al tren de los soñadores hambrientos. El tren ya está por partir, te sumás?



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