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viernes, 30 de mayo de 2014

Caminando por las calles de Buzios me crucé con un hermoso animal

En mi ciudad, camino al trabajo, solía cruzarme con perros, gatos, caballos, palomas. Una vez vi una rata. Y en otra ocasión pude ver una comadreja...

Me gustan mucho los animales. Tengo piedad hasta con los mosquitos, moscas y escarabajos. Todos merecen vivir y tienen iguales derechos de vivir como los seres humanos. Con algunos tengo más deferencia que con otros, pero es todo una cuestión cultural y supongo que voy a ampliar mi espectro de consideración -en el sentido de sentir que no me causen rechazo- con el resto de las especies.

Los reptiles no son de mis preferidos. Me gustan como naturaleza viva, pero siento cierta distancia con ellos. Sobre todo las serpientes y víboras. Lo mismo con los insectos, con quienes hasta tengo sueños en algunas ocasiones, o incluso me ha sucedido de repente sentir que me camina uno por el lomo y es todo un delirio mío.

Aquí en Buzios, como supongo que en la mayoría de Brasil, hay mucha naturaleza, no sólo vegetal, sino también animal (aunque a esta última cueste observarla un poco más). Y eso que aquí, no es nada, supongo, comparado con otros puntos del país donde la naturaleza sí se exhibe en todo su esplendor.

Uno observa que hay barrios o casas y unos matorrales inmensos con bosques y selvas impenetrables, bien al lado de las casas o detrás. No es así toda la ciudad. En la zona más urbana o céntrica el verde ya no se ve tanto; ahí ya entra en acción otra hermosa creación de esta naturaleza; el océano.

Cuando llegué hace 5 meses a Buzios nunca imaginé que me podría cruzar con una gran serpiente en una zona tan urbana como es cerca de donde vivo. Sin embargo, Brasil tiene muchas sorpresas y me tendré que ir acostumbrando a estas experiencias.


jueves, 29 de mayo de 2014

Dejándome llevar...

Dejarse llevar es una sensación increíblemente maravillosa. Sentir que llegó un momento de la vida donde estoy viajando con el corazón. No con mi bolsillo, ni con mi ego. No con mis miedos, ni con mis prejuicios. Estoy aprendiendo de muchas cosas. Estoy creciendo. Estoy creativo. Estoy equilibrándome. Estoy encontrándole sentido a esta vida. Estoy más perceptible y más sensible. Me estoy dejando llevar por una fuerza que es más fuerte que el universo y que es mágica y por la que entiendo que sean cuales fueran las cosas que me sucedieran y sean cuales fueran las decisiones que tome, son decisiones generar el bien. 

Siempre.

Gambeteando en Buzios
Con mi pequeña pelota de trapo, gambeteando por la playa

sábado, 10 de mayo de 2014

Un perro increíble y misterioso

Existe un perro aquí en Buzios -no sé bien de dónde salió ni de quién es- pero siempre me lo cruzo por diferentes lugares: cuando camino por el centro o cuando voy a la playa o cuando ando recorriendo caminos nuevos, sólo por nombrar algunas ocasiones. 

Es muy raro porque estoy hablando de encuentros casuales en un radio de más de 10 kilómetros cuadrados y me lo habré cruzado mínimanente más de 15 veces. De lo único que tengo certeza es que este perro comenzó a aparecer desde que me he mudado al nuevo barrio donde vivo hace menos de un mes, porque antes nunca me lo había cruzado en mi vida.

En una ocasión -luego de un par de coincidencias previas- al verlo seguirme, me detuve. Segundos después, el perro hizo lo mismo y se arrecostó en el césped de una vereda de una casa. Intenté acercármele para regalarle unas caricias y hacerme amigo y él, muy pícaro, se levantó y se alejó unos metros más. Volví a la carga y, otra vez, increíblemente se levantó y se alejó de mí. Así estuvimos media hora hasta que me colmó la paciencia y la dejé pasar...
 
Lo increíble de encontrármelo muy frecuentemente no es que el perro camine tanta distancia -seguramente recorre más distancia aún, y mucha más que yo-; lo llamativo es la coincidencia que hace que nos crucemos a menudo y yo intente acercármele hablándole y silbándole bajito sin fortuna mientras él me ladre y se aleje, como enojándose de que me haya dado cuenta que ya lo tengo registrado. Nunca me había ocurrido este tipo de rechazo canino y debo confesar que me jode, y mucho.


Luego de aquel primer -y único- intento de acercamiento sucedieron un par de encuentros más: en la estación donde esperaba un ómnibus, a la salida de un bar, en el muelle, cuando salía del supermercado y hasta en un evento multitudinario con miles de personas donde también él "dijo" presente. Siempre ocurría lo mismo: lo veía, intentaba acercarme y se  fugaba.
 
Más intrigante aún, en otras ocasiones -estando yo acompañado por otros compañeros-, al verlo aparecer lo he señalado y les hablo de "el perro que se aparece por toda la ciudad" y, para mi sorpresa, todos me responden lo mismo... "Yo es la primera vez que lo veo".


Hace una semana fue uno de esos días que caminaba por las calles cuando me lo crucé otra vez. Por un momento me dieron ganas de volver a intentar acercármele otra vez, pero sabía que en cuanto me detuviera el perro me haría el juego de siempre.  

Hacía mucho calor. Tenía unas galletitas y agua. El sol estaba fuertísimo. Me dio pena y detuve mi marcha para que cuando pasara yo le pudiera dar un poco de líquido aunque sea; pero tal como intuí aminoró su marcha hasta quedarse quieto y echarse en el piso y cuando intenté acercarme retrocedió.

Me levanté enojado y seguí caminando. El perro se levantó también y me siguió dos cuadras como a 30 metros de distancia...

Más adelante, unos 10 minutos después, me detuve en un espacio verde, y me quedé allí como escondido detrás de un árbol, esperándolo. Cuando voy a sacar de la mochila la botella de agua me doy cuenta que también tenía la cámara fotográfica así que no quise perder la oportunidad de retratarlo. Si no me dejaba verlo de cerca al menos le iba a sacar una foto. Para esto, en el camino, antes de finalmente sentarme a descansar, le dejé unas galletitas cada dos o tres metros, separadas; la última de ella en la puerta del garage de una casa, bien en frente mío, a un -increíble- metro y medio de distancia.
 
Me quedé tieso detrás de un árbol calculando los segundos que el perro tardaría en comer las galletitas -si es que las comía- y luego de unos inaguantables 5 minutos, estaba ya por darme por vencido y salir de allí, cuando de repente veo que asoma el hocico y sus patas y, como un imán, la última galletita enfrente mío, lo atrae hacia ella y ahí sí lo acribillé a fotografías sonriéndome a viva voz y gritándole:

-Te atrapéeeeee, sonreí ahora, que te atrapéeee!!!

No sólo que no recibió de buena gana mis fotos, sino que me aturdió con sus ladridos y de las casi 10 fotos que le saqué sólo un par se ven en buenas condiciones. 

Sea como fuere, luego de las fotos yo me fui contento y dejé al perro solo y ladrando hasta que en la distancia se apagaron sus ladridos. 



Ha pasado ya más de una semana de aquel acontecimiento y ya no volví a ver nunca más al perro y todavía me pregunto qué será de él. Antes me lo cruzaba en lugares increíbles cada dos días y ahora no lo encuentro más. Todavía no le hallo explicación a esta situación y por un lado me siento triste y preocupado, pensando seriamente que si lo vuelvo a encontrar seguramente lo adopte, porque ese perro tiene algo conmigo que yo necesito descifrar.

Gambeteando con la de palo
Pensándolo bien...

Gambeteando con la de palo
...No seré yo mismo reencarnado en otra vida en un perro?

Gambeteando con la de palo... Ultimas entradas.

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