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jueves, 21 de agosto de 2014

Viajo para que no se me escape la vida.

Todavía me pregunto por qué estoy viajando? Qué sucedio en mi cabeza, en mi vida, en mi universo, en mi percepción de la realidad para que de repente haya escogido hacer lo que estoy haciendo? ¿Cuál o cuáles fueron los momentos, las circunstancias, los acontecimientos que me hicieron de a poco ver que mi vida necesitaba un cambio y emprendí este viaje? ¿Qué persigo? ¿Qué busco? ¿Qué quiero?

No lo sé bien.

¿Cuál es la realidad después de todo, si no es la realidad de cada uno la verdadera realidad? ¿La realidad es una sola? ¿Existen muchas realidades? ¿Puedo ir mutando de realidad en realidad? ¿Y si en realidad me dormí y desperté aquí, viajando, y mi otro yo todavía sigue allí viviendo donde estaba con su familia, amigos, novia, perros, trabajo, penas y glorias?

Y, ¿si todo es una película? ¿una gran farsa? ¿un gran complot? ¿y si solo soy como un títere de algo mucho más grande y maravilloso? ¿formo parte de algún plan que desconozco y que iré descubriendo con el tiempo? ¿y si son todos los que me rodean actores de reparto increíblemente talentosos?


Reflexiones de tarde de playa
No sé por qué pero cuando escribo me imagino que soy un perro.


Me permito pensar, reflexionar y cuestionar todo. Me siento libre hasta para reformularme todas las preguntas más estúpidas sin siquiera un criterio alguno. Pienso, siento, percibo, dejo que mi ser absorva toda la información sin filtro de todo lo que lo rodea para poder luego sacar mis conclusiones.


De verdad que desde que estoy viajando hay veces que me siento a solas a charlar conmigo mismo y a observarme y preguntarme muchas cosas y me doy cuenta que muchas preguntas aún no tienen respuestas. Pero no me desespero, porque esas respuestas me las dará el camino, el viaje, la vida misma.


El otro día arrecostado en la playa, observando el mar, sin ningún punto fijo y de pensamiento en pensamiento sin sentido alguno, de repente me llovió un cuestionamiento (y es que es algo que siempre me ha llamado poderosamente la atención y que me sorprende mucho) y es cómo las realidades cambian con el entorno. Y cómo cambia uno también. Y lo que parece algo que a primera instancia parece tan lógico y vulgar es algo que, en realidad, analizándolo hasta en los más mínimos detalles, es asombroso y me pasaría horas hablando al respecto y analizándolo aún sabiendo que nunca tendría una única respuesta.


De repente todo lo que hoy me rodea y forma parte de mi vida (lo que puedo percibir por la vista, el tacto, el olfato, las personas, los paisajes, etc) no tiene nada que ver con lo que venía experimentando y viviendo hasta un día antes de salir de viaje. Y todas estas cosas nuevas que me rodean, de a poco, casi sin que yo pueda percibirlo, de alguna manera me van convirtiendo en otro hombre, con otras experiencias, con otros conocimientos, con otros pensamientos, con sentimientos nuevos y percepciones diferentes. Van moldeando otra realidad porque lo que percibo y absorvo es diferente! Creo que esa es una de las causas que -a mi entender- alimenta el espíritu viajero que llevo dentro. El mudar de aire, de realidad, el de buscar nuevas sensaciones, emociones, ponerme a prueba, sorprenderme, el inconformismo por lo habitual y repetitivo.

Recuerdo cuando de pequeño viajaba con mis padres de un lugar a otro y pensaba para mis adentros "pensar que a esta hora, en este mismo instante, en mi ciudad estaría..."; como que tenía la capacidad de poder estar en dos lugares al mismo tiempo. Viviendo en uno (en el que me encontraba en ese instante) y percibiendo en el otro (mi ciudad). A veces me pregunto si a otras personas les pasaría lo mismo; pero a lo que a mí respecta, esa sensación la vuelvo a palpitar hasta el día de hoy cuando camino por una nueva ciudad, cuando estoy en la ruta, cuando conozco nuevas personas, cuando me siento a mirar el mar. Por lo general eso me ocurre cuando viajo e imagino y pienso que el estar en donde estaba o quedarme donde vivía no sería más que un poco más de lo mismo y ahora estoy disfrutando un momento diferente, con un ambiente diferente, con una realidad diferente y eso, a la vez que me asombra, sorprende y maravilla, me hace muy feliz. 

No soy ni mejor, ni peor de lo que fui. Estoy un poco diferente, quizá, con otras cosas en la cabeza. La esencia y los sentimientos son los que más soportan esta transición y los que de alguna manera me permiten cobijarme y me dan resguardo en momentos difíciles. Pero el mundo muda, las cosas mudan, el universo nunca es el mismo ni un sólo centésimo de segundo. Y yo formo parte de este universo y de este proceso. Soy contrera por naturaleza, pero sería demasiado estúpido de mi parte querer remar contra la corriente en este sentido. Dejaré que todo acontezca naturalmente y que el camino me siga sorprendiendo con preguntas, interrogantes y experiencias..

Mientras tanto seguiré viajando para que no se me escape la vida.




No se viaja para escapar de la vida. Se viaja para que la vida no se nos escape
No se viaja para escapar de la vida. Se viaja para que la vida no se nos escape.



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