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miércoles, 14 de enero de 2015

Sonriendo me quedé mirando el sol en el mar, como cuando los peces miran en el cielo la luna...

Hace un tiempo ya, un día de esos rutinarios en mi ciudad, no tenía ganas de hacer nada de lo que siempre hacía. Sentía que haciendo las mismas cosas de siempre llegaba siempre a los mismos resultados. Y los resultados que obtenía no eran los que más me gustaban. Me sentía estancado, me faltaba algo. Me sentía insatisfecho, que mis días no me colmaban. Tenía todo, pero a la vez me faltaba algo.

De pendejo que soy un soñador, aunque no sabría bien cómo describir esa palabra. Será que nunca nada me pareció imposible y creo que eso lo definiría bastante. Y pensaba mucho, creo, también. En cosas imposibles o en cosas que no tenía y quería. Y ese capricho de niño saltó una tarde para movilizarme de mi casa y salir a dar unas vueltas y divagar para charlar conmigo mismo y escucharme un rato.

Me senté en una barranca mirando hacia el horizonte el Río Paraná y, de fondo, la hermosa Santa Fé. No miraba nada en particular pero miraba todo a la vez. Cada centímetro de la visión estaba fríamente contenido bajo mi perspectiva. Fui tomando conciencia de que el paisaje era una belleza y también tuve una extraña sensación que me recorrió de pies a cabeza conjuntamente con una emoción que me llenó de placer generándome un agradable escalofrío. De repente sonreí y tuve ganas de mirar, así como miraba aquel horizonte, otros paisajes del mundo y perderme en ellos; pero para eso debía renunciar y partir. Cambiar mi vida. Fue muy extraño pero tuve ganas de dar la vuelta al mundo en un segundo y de viajar por todas partes, así, de repente. Se me pasaron mil filmes e imágenes de paisajes alrededor del planeta y quise atravesar el río nadando para llegar al mar y luego a otra tierra... le temo mucho a los tiburones, sino... y desperté del trance. Según mis parámetros para la locura de por entonces, había enloquecido.

Me quedó la intrigante sensación que había algo más en este mundo para descubrir, para conocer, para viajar, para aventurarme. A partir de ese momento me di cuenta que mi cabeza estaba funcionando de otro modo ya y no sabía como detener esos pensamientos que cada día se acrecentaban y me despertaba a la mañana hablando de mi viaje conmigo mismo y feliz, e iba a trabajar pensando que ya en poco tiempo renunciaría, y luego hablaba con mi novia y le contaba mis planes -y claro su reacción no era la mejor y hoy la comprendo- y a mi madre pobrecita que tanto le costó asimilar mis pretensiones porque, claro, yo siempre fui "el loco" y esa era una de las tantas locuras más que hablaría y no haría...

Pero esta vez, sería diferente. Tan solo me lo propuse. Y poco a poco un sueño se convertiría en realidad. Trabajé por mi sueño.

Nadie entendió mi búsqueda y los comprendo porque debe ser muy feo que alguien se quiera ir así, de la nada, sin motivos. No tiene que haber un motivo. O sí, pero aún lo desconozco. Yo sólo tuve ganas. Yo sólo quería comprobar que aquello que pensaba aquella tarde podría convertirse en realidad. Quería ponerme a prueba con esta vida. Quería dejar de ser un soñador para comenzar a vivir la vida misma y despertar de una vez por todas. Todo lo que me rodeaba me pareció una obra de teatro donde yo no era el actor principal. Yo quería mi película. No comprendía mucho de lo que me rodeaba. Si no partí antes era por la gente que más quería y por algunos miedos e inseguridades, debo admitirlo también.

Quería escapar de todo lo que me rodeaba que tenía y que me permitía una vida cómoda para buscar algo que realmente me cueste, que duela, pero que logre saciar esa sed de aventuras. Extrañaría mi familia, amigos y afectos, claro, pero la vida acaso -pensaba- ¿no es que luego de un tiempo cada uno sigue su camino hasta el final? ¿Para qué estoy aquí si no es para vivir mi sueño y para hacer lo que se me cante el culo? Todo el mundo puede hacer lo que quiere, viaja, labura, se casa, tienen familias, estudian... bueno, yo quería viajar y ponerme a prueba con el mundo, sólo.

Me llevó un tiempo largo, casi un año, acomodar -autoboicotear- mis pensamientos. De la gente lo que más recibí fueron palabras de desaliento, excepto de los más cercanos, que aún así, cuando lo hacían era totalmente comprensible. El "nolohagas" de la gente más me motivaba. Es que, parece increíble, pero a decir verdad, siempre fui un contrera y un cabeza dura de mierda... (gracias a Dios!)

Así y todo, al tiempo, luego de unos meses de intensa "lucha" interna, y ya algunas personas cercanas sabiendo de mi idea -muchos sin creerme aún- volví a querer escucharme otra vez y sentir esa voz interior de niño que me hablaba de salir al mundo, y entonces me fui al mismo lugar que aquella tarde me trajo tan profunda sensación.

Me senté otra vez a mirar el río y el más allá, y ya con los pensamientos más sintonizados me dije: "sea como fuera, voy a viajar, y alguna vez voy a mirar el horizonte así como ahora miro el río pero desde el mar, la montaña, el desierto o el bosque y voy a poder decir que finalmente lo logré"...

Un año y un mes después, ya viviendo en Búzios, luego de tantas cosas que me han pasado, me detuve a mirar el horizonte y recordé aquel momento que hasta entonces había olvidado. Me di cuenta que nada había sido casualidad. Que todo lo había planeado, quizá no en sus detalles, pero sí en su finalidad. Fui trazando puntos y pensamientos y me di cuenta que había convertido un sueño en realidad. Yo mismo lo logré. Cabeza dura y contrera, pero lo logré.

Y otra vez sonriendo me quedé mirando el horizonte y el sol en el mar, como cuando los peces miran en el cielo la luna...

Playa de Azedinha, Buzios
Playa de Azedinha, Buzios









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